La Navidad penetra en nuestros corazones como un ramillete de ilusiones y es una fecha que desde que tenemos conciencia de la vida, nos acompaña año a año con una dimensión distinta en la medida que vamos avanzando en el tiempo.
Es noche de paz, noche de amor, como dicen los versos de la canción símbolo de esta fiesta universal en que se suspenden hasta las guerras para abrazarse con sus seres queridos o amigos que nos acompañan en el silencio del hogar.
Es el instante de recogimiento espiritual que nos permite rogar por el bienestar de las familias y bendecir a nuestros hijos por estar junto a sus padres formando vida en común.
Se recomienda hacer un pesebre para recordar el nacimiento de Dios entre todos los integrantes de la familia para que los niños se vayan impregnando con este sentimiento cristiano, gocen pintando, pegando o recortando figuras alusivas a esta fiesta universal y para realizar esta actividad no es necesario una alta inversión ya que con imaginación y cariño se puede hacer algo lindo y sencillo.
Al árbol de Pascua pongámosle luces y adornos especiales para recordar que Cristo es el verdadero árbol de la vida y que lleno de luz quiere iluminar la nuestra.
Reunámonos en familia, apaguemos por un momento el televisor y las luces reemplazarlas por una vela o un cirio y lograremos preparar un instante acogedor que alegrará nuestros corazones.
En un ambiente de recogimiento espiritual presentemos nuestras peticiones por cada miembro de nuestras familias y por las personas que más queremos, por los vecinos del barrio, la ciudad, el país, el mundo, por los pobres y necesitados, por los presos, los enfermos, la justicia y la paz.
El canto de Navidad hará brotar la emoción en nuestros corazones y la alegría de esta noche iluminará los espíritus y abrirá un espacio para una esperanza de amor.
Respecto a los regalos de Navidad que en la actualidad se ha convertido en un sórdido consumismo, es conveniente advertir que esta modalidad de manifestar afecto o cariño hacia otra persona se ha venido dando de épocas y generaciones pasadas y es muy conveniente adecuarlo al significado que este acto de entrega tiene y no convertirlo en una competencia interpersonal que en los niños provoca una rivalidad inconsciente y acrecienta el resentimiento social, que obviamente no es conveniente fomentar ni convertirlo en el motivo central de la Navidad.
Regalar objetos materiales es una expresión de amor, generosidad y alegría, pero, más que nada se trata de un recuerdo y aunque sea sencillo, nos permitirá manifestar el cariño que nos tenemos mutuamente, gesto de amistad que nos ayudará a permanecer unidos para sellar nuestra fe, con esperanza y mucho amor.
Foto/Flickr:
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