Black Rebel Motorcycle Club - \'Beat the Devil\'s Tattoo\'
‘Beat the Devil\'s Tattoo’, lo nuevo de Black Rebel Motorcycle Club es un tibio intento por erradicar la cansadora regularidad que de manera gradual se hacía presente en sus discos anteriores, en esta ocasión concentrando su mayor atractivo en el refinamiento de ese sonido que los ha caracterizado desde comienzos de la década pasada, cuando el trío californiano sorprendía al mundo entero con ese atractivo y crudo ruido revival de garaje, tendencia que más temprano que tarde nos iba a cansar de una u otra forma.
Puede que hasta a Peter Hayes (guitarrista y voz principal) y compañía les haya devastado el ejercicio de reinventar un género ya reinventado -buscar una “sexta” pata al gato, cuando el atractivo real ya había sido encontrar la “quinta” en discos como ‘B.R.M.C.’ (2001) o ‘Take Them On, On Your Own’ (2003)-, puesto que incluso incursionando en otros géneros más experimentales –‘The Effects of 333’ (2008)-, como el drone o el ambient, estilos de música bastante alejados de lo que ellos mejor saben hacer: rockandroll, BRMC falla en el intento de abrir nuevos senderos para su música, y el asunto queda en un malogrado intento de absurda psicodelia, la cual sirvió únicamente para satisfacer ciertos egos e inquietudes de la banda.
La excusa de un disco tan experimental como lo fue ‘The Effects of 333’ servía para inaugurar el propio sello de la banda: “Abstract Dragon”, con el cual este año dan presentación a ‘Beat the Devil\'s Tattoo’, un álbum que procura retomar nuevamente el sonido que caracteriza a la banda, logrando desenterrar la esencia de las guitarras añejas y la invasión del feedback ruidoso y los ritmos de motocicleta; Aunque el resultado no es brillante del todo, BRMC logra encaminarse nuevamente en el sendero de las chaquetas de cuero, y con certeras melodías de un corte rítmico agresivo crean reminiscencias de sus inicios, y aunque estas nuevas canciones nunca sonarán tan efectivas como sus primeras entregas, convencen de que aún les queda algo que cantar.
Otra novedad de este disco es la inclusión de la baterista Leah Shapiro (The Raveonettes), quién ingresa en reemplazo de Nick Jago debido al problema con las drogas de este. La diferencia en los ritmos no es notoria, pero cabe destacar que el aporte de Shapiro es notable en significativos cortes del álbum. Como es costumbre, el disco tiene actitud doble: el tramo acústico y el otro de rockandroll.
La influencia de trovadores como Bob Dylan o Neil Young se hace presente en el folk taciturno de “Sweet Feeling” o “The Toll”, temas que conforman lo mejor de la primera parte, mientras que la genial “Conscience Killer”, la rabiosa “War Machine” o “Mama Taught Me Better” son algunas de las tonadas más hard-punk-rocker de este nuevo trabajo, volviendo a las raíces con mucha energía y precisión.
Por otra parte, la canción que abre y pone nombre al disco, “Beat the Devil\'s Tattoo”, contiene un poco de ambas facetas, y aunque no es la mejor canción del disco, sí es muy pegadiza y posee mucha potencia, encajando a la perfección como suerte de resumen para esta nueva propuesta de los Black Rebel Motorcycle Club.
En resumidas cuentas, un disco que falla en su intención de conquistar el mundo y de hacer ruido como en los viejos tiempos, pero triunfa en devolver -aunque sea de manera leve- la fe en quienes aun creen en el trabajo de Hayes y Cía.


