Los discos que no te atreves a escuchar: White Willow – Ignis Fatuus (1995)

El folclore escandinavo, pasajes progresivos y rockeros y la nostalgia forman singulares texturas gracias al soberbio trabajo de los músicos de la banda.
Imagen de Iván Ávila
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13 de Diciembre, 2010 09:12

Hay discos que uno guarda con especial cariño en el corazón, por las más diversas razones, pero la mayoría de estos álbumes se quedan con uno porque están relacionados con momentos especiales de la vida, a modo de banda sonora. A veces se trata de discos malísimos, bodrios musicales que sin embargo, atesoramos como si fueran obras maestras. En otras, se trata de verdaderas joyas que además, se convierten en parte del catálogo personal, ese que te llevarás a la tumba y del que seguramente, tararearas una de sus canciones antes de morir.

En lo personal, Ignis Fatuus de los noruegos White Willow corresponde a esta última categoría. Banda desconocida por estos lares, liderada por el cerebro lúcido de Jacob Holm-Lupo y que entre 1995 y 2006 cosechó cinco placas de excelente factura, la primera de ella, justamente Ignis Fatuus.

Acompañado por músicos de excelencia que han ido rotando con el paso del tiempo, Holm-Lupo también tiene otros proyectos inspirados de los que hablaremos en otro momento. Por ahora, nos quedaremos con este debut soñado de White Willow, un álbum que se enraiza en el folclore escandinavo con ductilidad, misma que permite mezclar la delicadeza de estos sonidos con pasajes progresivos y rockeros que provocan escalofríos y en donde la nostalgia y la oscuridad atraviesan cada track con singulares texturas que combinan el soberbio trabajo en teclados de Jan Tariq Rahman, el delicado sonido de los vientos a cargo de Audun Kjus, el violín celestial de Tirill Mohn y por supuesto, la voz hipnótica de Sara Trondeal. Estos son sólo algunos de los elementos que convierten esta placa en una delicia para cualquier buen melómano.

El álbum comienza con la invernal Snowfall, liderada por una suave armonía en guitarra acústica y la voz de Trondall, tema que deriva en una sección progresiva "a la Genesis" que ahonda aún más en esa sensación de frío pero agradable invierno. En seguida escuchamos la avasalladora Lord of Night, un tema que en base a acordes folk deriva en una pieza oscura, densa, casi brutal. Un tema que todo fanático del prog debe tener en su memoria. Song, en tanto, es una breve pieza que nos retrotrae al universo medieval, mientras que Ingentingnos lleva a pasear por bosques fríos y oscuros, llenos de hadas y faunos, por medio de una delicada melodía basada en guitarras. The Withering of the Boughts es, quizás, una de las mejores piezas del álbum, una pequeña suite que partiendo una vez más de raíces folk, deriva poderosamente en texturas medievales y progresivas galopantes y volátiles, lideradas por flauta y teclados.

El álbum prosigue con Lines on the Autumnal Evening, es una deliciosa pieza instrumental barroca para cello, guitarra y voces, mientras que Now in These Fairy Lands vuelve a sorprender por sus cambios acotados al folk y mixturas progresivas setenteras, otro manjar para los asiduos al prog, mientras que Piletreet es una breve pieza que abre paso a la delicada Till He Arrives, que casi linda con el jazz. Otro de los platos fuertes viene en seguida. Se trata de Cryptomenysis, una larga pieza instrumental en donde Holm-Lupo y compañía vuelven a hacer gala de un extraordinario talento para adentrarse en lo más oscuro del género con algunas armonías casi metaleras apenas perceptibles pero importantísimas al momento de desarrollar este épico de proporciones que remece y provoca escalofríos.

Al final, nos encontramos con Signs, otra delicada melodía nórdica liderada por la voz de Troendal, misma que abre paso a otro épico titulado John Dee\'s Lament, que retoma las características principales que cruzan las composiciones de largo aliento de White Willow, un delicado trabajo en los arreglos, una abierta tendencia hacia el progresivo clásico en base al sonido del mellotrón, pasajes folk de extrema delicadeza y explosiones épicas que abruman.

Además de ser un maravilloso ejemplo de folk prog, el disco este cayó en mis manos en una época de desvarío emocional e intelectual que fue acompañado perfectamente por cado uno de los temas que conforman esta maravillosa placa que, por cierto, deben conseguir a toda costa.

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