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Paro en Chuquicamata: Aristócratas de sangre cobriza


Mientras más conozco a ciertos especímenes que se manifiestan “chilenos de corazón” por el sólo hecho de haber nacido en Chile, más quiero a los perros, mascotas cariñosas, humildes y que darían la vida por el amo que les da de comer. Me refiero a los actuales “aristócratas” de la clase trabajadora que han tenido en suerte el haber obtenido un trabajo [casi vitalicio y generalmente traspasable a sus descendientes] que es digno, seguro, protegido y pleno de beneficios inalcanzables para el grueso de los trabajadores del país.
Me refiero a los descendientes de los otrora sacrificados trabajadores del cobre de Chuquicamata, con quienes compartí los primeros años de mi vida infantil en la Escuela Pública del Mineral, impactado por sus duras condiciones de vida y cuyos hijos –mis compañeros de primaria- generalmente no tenían zapatos, sólo conocían las delicias de una ducha caliente gracias a los baños que tenía la escuelita y gozaban de un nutritivo desayuno proporcionado por el mismo establecimiento escolar. En aquellos años, la vida de los mineros chuquicamatinos valía menos que un chuzo o una pala para los gringos de la Chile Exploration, amos y señores de sus mal pagados trabajadores.
Con el tiempo, alcanzó el poder un movimiento nacional y popular que tuvo la virtud de nacionalizar las minas de cobre, dignificó el trabajo de los obreros en los minerales, elevó sus estándares de vida y les dio la protección social negada permanentemente por los dueños de las minas. A sus hijos, al igual que a todos los niños de Chile, se les entregó diaria y religiosamente el medio litro de leche que les era tan necesario para desarrollarse física e intelectualmente; a sus madres les igualó la asignación familiar pre y post natal y a los padres, los mineros, les entregó elementos de trabajo que erradicó la silicosis y les dio mayor seguridad en sus labores. En suma, les hizo ciudadanos iguales a los trabajadores del país.
No está tan lejano el pasado como para olvidar que ese mismo sector, favorecido en sus derechos por su propio gobierno popular, mordió la mano del Presidente que les había dignificado en su condición de seres humanos. Se acoplaron concientemente a las demandas de los antiguos amos que les tuvieron por decenas de años en condiciones misérrimas, indignas e inhumanas. Conocedores, sin lugar a dudas, de lo que significaba el cobre para Chile, no trepidaron en plegarse a los que buscaban desestabilizar SU gobierno, participando en huelgas promovidas por los sectores que buscaron denodadamente derribar a quien les había cercenado los privilegios obtenidos a costa de una explotación permanente a la clase trabajadora en beneficio propio.
El lamentable comprobar hoy, finalizando la primera década del tercer milenio, que esos trabajadores no han aprendido nada. Más bien, tal vez demasiado en lo que respecta a los apetitos personales y al olvido de lo que significa la solidaridad de clase. Los oprimidos de ayer tienen hoy pretensiones incomprensibles para sus pares. El país contempla, con estupor, las desmesuradas demandas salariales que ponen en riesgo el desarrollo de sus connacionales y del país todo. Se aprecia que nada les importan los programas de beneficio social impulsados por la presidenta Bachelet y la carencia de recursos en nuestro pequeño país para que esa protección social pueda ser extendida a todos los chilenos.
El Estado, su actual empleador, respetuoso de los derechos adquiridos, les ha hecho una oferta que cumple los compromisos de una negociación colectiva y que, a pesar del daño económico que privilegia a pocos, está dispuesto a poner en manos de ellos lo que le es imposible entregar a los sectores de menores ingresos; a los más desvalidos…
Para graficar, veamos que ofrece Codelco y que es lo que ellos demandan:
Propuesta de Codelco
- Reajuste salarial de 3,8%
- Bonos por $ 11.5 millones
- Crédito blando de $ 3 millones
- Alza Aguinaldos Fiestas Patrias y de Navidad en 15%
Propuestas de los Sindicatos
- Reajuste salarial por 4,3% (con un IPC negativo)
- Bonos por $ 15 millones
- Crédito blando de $ 3 millones
- Mantención beneficios negociación año 2006
Según datos de la Superintendencia de Pensiones, el salario promedio neto de los trabajadores de Chuquicamata es de $ 1.200.000, muy por encima del salario de un trabajador industrial, campesino o de servicios públicos. No es un dato simplón; muy por el contrario y veamos, por ejemplo, algunos niveles con que viven ciertos sectores de nuestra población:
El sueldo mínimo vigente en Chile para el año 2009 es de $ 165.000. El 40% de la población más pobre del país gana apenas $ 120.000 y los jubilados de la tercera edad, con familias que mantener e ingentes gastos en salud, viven a duras penas con pensiones mínimas de $ 81.300 a un máximo de $ 122.450, seres humanos que deben apreciar con legítima indignación los $ 15 millones reclamados por estos nuevos aristócratas de sangre color cobrizo, valor que ellos jamás verán. Conocido es lo que gana un recién egresado de la educación superior, con 17 o más años de estudios. Simplemente vergonzoso. Para que mencionar la renta de un profesor.
Solamente por concepto del bono a que aspiran los 5.597 trabajadores de Codelco, el mayor gasto para el país será de 83 mil novecientos cincuenta y cinco millones de pesos; casi 168 millones de dólares. Recordemos que en mayo de 2009, el gobierno entregó un bono de auxilio a 865.000 pensionados, gasto que significó 17,5 millones de dólares; es decir, más de 865 mil personas recibieron, con mucha felicidad, nueve veces menos de lo que piden 5.597, los que a la vez causarán un daño irreparable a las arcas fiscales del orden de 240 millones de dólares si la huelga durara solamente un mes.

Con certeza me acusarán de “anti obrero” y “amarillo” por denunciar el oportunismo de un grupo de trabajadores de la estatal Codelco. Yo retruco acusando a ambos candidatos presidenciales por el indecoroso silencio mantenido ante este escandaloso hecho sin parangón. No han dicho una sola palabra, porque en la estrechez que se vislumbra en los resultados de segunda vuelta, valen más los votos que la mesura y los grandes intereses del país.
Por: Ozren Agnic Krstulovic
Ingeniero Comercial y Escritor

Foto: Hugo Marambio

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