[Lectura voraz] El caso de Sacco y Vanzetti, de Moshik Temkin

En 1920, un crimen que involucra a dos anarquistas italianos en Estados Unidos, desencadena una impensada ola de indignación a nivel mundial. 

Imagen de Daniel Carrillo Monsálvez
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08 de Diciembre, 2017 10:12

“Tengo el placer de informarle que su vida estará en peligro si nuestros camaradas comunistas (…) son sentenciados a muerte”. Así rezaba un mensaje dejado por un grupo comunista chileno en 1921 al embajador estadounidense en el país, en una de las tantas muestras de repudio que generó a nivel internacional el juicio y la sentencia contra Sacco y Vanzetti, “los dos prisioneros más famosos del mundo”.

El historiador y profesor de la Universidad de Harvard, Moshik Temkin, revive estos tempestuosos y apasionantes hechos en su libro El caso de Sacco y Vanzetti. Los Estados Unidos a juicio (FCE, 2016). Como él mismo advierte, esta investigación no busca determinar si ambos acusados fueron inocentes o culpables, o de si tuvieron un proceso justo y sin vicios, aspectos a los que ya se han dedicado decenas de títulos. Lo que Temkin hace es desentrañar cómo un hecho delictual circunscrito a la provincia termina convertido en una causa de alcance internacional, cuyos ecos tienen resonancia incluso hasta hoy. Además, el autor se vale de este affaire para mostrar inquietudes mucho más profundas de la sociedad norteamericana de la época, así como de la política global.

LOS HECHOS

Esta historia parte con el robo y el homicidio de un pagador de una fábrica de calzado y su guardia de seguridad, el 15 de abril de 1920, en el pueblo de South Braintree, Massachusetts. El 5 de mayo son detenidos por este asesinato los inmigrantes italianos Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, quienes portaban armas de fuego.

La fiscalía logró establecer algunas relaciones verosímiles entre Sacco y la escena del crimen, pero no tenía evidencia contra Vanzetti. Sin embargo, lo culpó de un asalto frustrado, sin personas afectadas ni valores robados, ocurrido el 24 de diciembre de 1919 en un pueblo cercano. El acusado contaba con más de una decena de testigos que avalaban que ese día se encontraba en Plymouth vendiendo anguilas, pero ninguno de ellos hablaba inglés. Su defensor no hizo un buen trabajo y el propio Vanzetti tampoco abogó por su inocencia, siendo declarado culpable y condenado a la sentencia máxima para su delito: entre 12 y 15 años de prisión. Esto fue usado como argumento para el siguiente juicio por el robo y homicidio doble en South Braintree, para el cual la fiscalía solo contaba con pruebas circunstanciales.

TERROR ROJO

Sin embargo, un ingrediente le daría todo el regusto final a este caso: el motivo por el que Vanzetti no se esmeró en su defensa fue el temor a que se revelaran sus antecedentes políticos, que lo vinculaban, junto con Sacco, al círculo de anarquistas direct action (acción directa), sospechoso de cometer algunos atentados. Así, para la izquierda, estos italianos pasaron a formar parte de una larga lista de víctimas de la intolerancia política ante quienes desafiaban el capitalismo.

No hay que perder de vista que su arresto y juicio ocurrió justo después del primer Red Scare o Temor Rojo de la posguerra, periodo de profundo anticomunismo en Estados Unidos, que tuvo lugar entre 1917 y 1920, fruto del pavor que provocaba la posibilidad de una revolución obrero-socialista que destruyera los cimientos de la sociedad estadounidense. Este miedo fue particularmente marcado en Massachusetts, zona de primacía blanca y protestante que también estaba resentida ante el crecimiento de la población católica, principalmente italiana e irlandesa.

Así las cosas, en julio de 1921 Sacco y Vanzetti fueron declarados culpables y condenados a la silla eléctrica.

VIOLENCIA EN LAS CALLES

Esta fue la chispa que encendió una llama de protestas y huelgas en diversos países, además de atentados con bombas en Portugal, Brasil y Francia. La violencia rebrotó luego en 1927, en los días previos a la ejecución, con explosiones en Filadelfia, Baltimore e incluso en el metro de Nueva York. El descontento y la violencia también llegaron hasta las tranquilas calles de Copenhague y Ginebra, ciudad esta última donde al menos 5 mil personas atacaron la sede de la Sociedad de las Naciones (predecesora de la ONU), específicamente la Biblioteca Presidencial Woodrow Wilson.

Varias personalidades de la época suscribieron la causa de Sacco y Vanzetti, pidiendo clemencia o un nuevo juicio. Entre ellos, los escritores estadounidenses John Doss Passos y Dorothy Parker, el físico alemán Albert Einstein y su compatriota novelista Thomas Mann. Hasta el Consejo Federal de Iglesias de EE.UU. se sumó a las gestiones.

El caso de los italianos produjo situaciones curiosas. Por ejemplo en Francia, tanto la derecha monárquica como la izquierda revolucionaria, que nunca coincidían en nada, manifestaran en forma conjunta su rechazo a la decisión de la justicia de Estados Unidos.  

MUSSOLINI Y STALIN

Interesante también es ver el accionar de actores clave del futuro de Europa, como Mussolini, quien hizo gestiones, secretas en primera instancia, para conmutar la pena de muerte de los acusados. Temkin afirma que el duce tomó el caso de manera personal “como cualquier otro italiano inconforme”. Recibió una carta del padre de Sacco, la cual se publicó en el periódico oficial fascista, con respuesta de Mussolini asegurando al remitente que haría todo lo posible para salvar la vida de su hijo.

El dictador abrazó la causa durante su ascenso al poder, entre 1920 y 1922, porque aún sentía respeto por los anarquistas, dado que pensaba que compartían su lucha contra socialistas y comunistas. Hasta se plantea que esta afinidad se debía a que Mussolini veía a Sacco y Vanzetti como una distante versión de sí mismo, que había comenzado su vida política como sindicalista de izquierda.

En el norte del viejo continente, Stalin también se involucró, pero con un interés menos decidido que Mussolini. Según explica el autor, quiso tomar esta causa popular en 1927 para aprovecharla en su propósito de controlar a la izquierda en todo el mundo, y también a su partido y a su país. En paralelo, no obstante, Stalin intensificaba su campaña para erradicar cualquier vestigio de anarquismo en la Unión Soviética. Así, mientras hostigaba y encarcelaba a los últimos anarquistas rusos, el dictador comunista ordenó la construcción de la famosa fábrica de lápices y crayones Sacco y Vanzetti, y bautizaba con estos nombres una serie de calles y plazas.

Finalmente, al mediodía del 23 de agosto de 1927, los dos italianos fueron ajusticiados, a pesar del soborno realizado por su amigo Aldino Felicani a un electricista de la cárcel para que cortara la energía en el momento de la ejecución. El plan fue advertido y el operario reemplazado.

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