Los discos que no atreves a escuchar: Morphine – The Night (2000)

El álbum póstumo de la inolvidable banda de Mark Sandman es una memorable pieza de sonidos acústicos y transgresión que vale la pena revisar una y otra vez.

Imagen de Iván Ávila
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24 de Octubre, 2011 08:10
Morphine – The Night (2000)

Con cinco discos, una banda puede convertirse en leyenda. Sí, señoras y señores, cuando se trata de construir un estilo propio a pesar de las muchas influencias y generar un sonido característico y singular, estamos frente a uno de esos pocos proyectos musicales que a pesar de una vida relativamente corta (apenas una década de producción), logra establecer un hito en la reciente historia de la música rock. Aunque, claro está que los chicos de Morphine jamás se encasillaron derechamente en el género.

Y si bien al escuchar sus placas, nos damos cuenta fácilmente que el rock no es su fuerte, no por nada fueron favoritos de los fans “indies” de los 90. Esto, porque la mezcla de jazz, blues, estrofas beatniks cargadas de dolor y sarcasmo y una apuesta bastante oscura aunque muy atractiva, los hicieron parte del movimiento, aunque sin poder encasillarlos fácilmente en el mismo.

Es así que Mark Sandman (bajo, voz y ocasionalmente un montón de otros instrumentos) y Dana Colley (en todos los tipos y formas de saxos que usted pueda imaginar) convocaron a Billy Conway (en una primera etapa) para que hiciera las partes de batero, otorgándole su primera configuración a este “power trio”, si es que lo podemos llamar de esa manera, por allá en 1989. De ahí en adelante, sacaron cinco notables discos en estudio, cada uno aferrándose a los elementos basales que conformaban la música de Morphine, pero siempre innovando e incluyendo nuevas influencias que enriquecieron notablemente cada una de sus producciones.

Su quinto y último disco, The Night, es una obra póstuma. Publicado el año 2000, es el testamento de Sandman, muerto un año antes sobre un escenario, en medio de un concierto, súbitamente afectado por un paro cardiaco. Sus compañeros decidieron no seguir con la banda, pero optaron por editar y publicar todo el material que tenían grabado a la fecha. Así, nos regalaron una obra maciza que comienza con el tema que da título al disco, una pieza oscura que encaja a la perfección en la descripción que alguna vez Sandman dio del estilo de la banda: low rock. Una atmósfera de jazz de cantina, decorada por la voz aguardentosa del bajista, que se desliza entre notas bastante groovy y delicados toques de saxo que abren paso al siguiente track del disco titulado So Many Ways, una pieza un tanto lounge que a veces linda con el free jazz. En seguida, nos encontramos con Souvenir, donde otra vez la percusión y el piano, nos regalan un ambiente oscuro, lleno de alcohol y humo de cigarrillos, con la voz de Sandman distorsionada entregándonos una performance sucia y descarnada. El cuarto track del disco, Top Floor, Bottom Buzzer, otra vez nos trae una pieza rítmica bastante pegajosa, basada en un buen loop de saxo, mientras que Like a Mirror, merodea por zona otra vez turbias, en base a una delicada base ritmica, lindando con el trip hop.

Las influencias de un temprano Tom Waits son parte fundamental de A Good Woman Is Hard To Find, una pieza sólida, potente y cáustica. El lado más acústico de la banda se deja entrever en Rope on Fire, una pieza sedosa pero no menos oscura con ciertas reminiscencias orientales. En seguida aparece la poderosa I’m Yours, You’re Mine, un tema de letra descarnada, con una pesada base de saxo que parece sacado de una mala pesadilla de los años 50. En tanto, The Way We Met, con sus pocos más de dos minutos de duración, es otra de esas piezas oscuras, extrañas y que se acercan más a sonidos experimentales del avantgarde que a otra cosa.

El penúltimo tema del disco es Slow Numbers, otra pieza de cantina barata, turbia y desolada con un excelente trabajo en saxo y bajo. Por último, y para cerrar este disco de manera brillante, la sencilla, profunda y soberbia Take Me With You, un tema de aquellos que retuercen por forma y contenido… Una pieza maestra ideal para cerrar un álbum recomendado para cualquier oído ávido de una interesante y revitalizante expresión musical llena de sorpresas ocultas a pesar de la superficial sencillez con que suena este abismante álbum…

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