Los discos que no te atreves a escuchar: Discus – …tot licht! (2003)

Desde Indonesia nos llega el segundo álbum de esta incomprendida banda que demuestra fehacientemente, que las mixturas musicales no tienen límites.

Imagen de Iván Ávila
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10 de Octubre, 2011 07:10
Discus – …tot licht! (2003)

Muy pocas veces me ha costado tanto empezar a escribir una columna para este retorcido espacio. Y es que todavía me es difícil describir la variedad de sonidos que se pueden encontrar en este disco que proviene de la lejana Indonesia y que da cuenta fidedigna de un hecho básico y comprobado: las mixturas musicales no tienen límites.

Opto por comenzar por algo fundamental, para prender vuestras aviesas neuronas: los instrumentos que ustedes escucharán en los casi 70 minutos que dura esta placa. A parte de potentes voces masculinas y femeninas, póngale a la mezcla guitarras eléctricas, clásicas y de 21 cuerdas (a modo de arpa); batería, bajo, teclados, percusiones acústicas y electrónicas, flauta, clarinete, saxo tenor, violín, gongs, guitalele y una gama variada de instrumentos tradicionales de Indonesia y sus alrededores como el suling, el rindik y el kempli. Todo esto, pasando por las hábiles manos de ocho músicos de excelencia que no temen probar fórmulas y géneros y que navegan libremente entre el más ácido y desordenado avant garde, el progresivo sinfónico, el free jazz, el heavy metal, la música de cámara y los sonidos tradicionales de ese inmenso pedazo de Asia.

Sería inútil buscar similitudes con otras bandas del género, porque las hay por montones, pero a la vez, el sonido de Discus es tan particular y propio que a poco de correr el álbum, ya te has olvidado de buscar comparaciones, en especial, cuando ya uno está bastante desorientado con los primero minutos de System Manipulation, el tema que abre esta monumental obra y que navega por las peligrosas aguas del avant garde y del jazz con una soltura envidiable, mezclando secciones que dotan tan sólo a su introducción de momentos complejos pero no indescifrables para rematar en una fulminante sección vocal liderada por Kiki Caloh y Nonnie. Por momentos desconcertante, el tema avanza en medio de secuencias feroces en donde la base de bajo y la batería marcan tiempos endemoniados hasta envolvernos en una sección plena de jazz purista… En seguida, volvemos a una compleja sección que más se acerca al avant garde y que no deja de recordarnos el legado monstruoso de Doctor Nerve para desembocar en una sección de música tradicional que regresa majestuosa y épicamente a la voz de Caloh y el jazz más delicioso.

Así, con esta poderosa entrada, estos chicos indonesios confirman y perfeccionan con la que habían demostrado con su primera placa de 1998. Pero es sólo una primera toma. Porque casi sin aliento, pasamos al pesadísimo “breathe” otra monstruosidad en donde abunda el más duro avant garde a la Mr. Bungle pero con una intencionalidad más cercana a lo desarrollado por bandas como Justine o Henry Cow, con algunos momentos alucinantemente atmosféricos liderados por voz y teclados.

De ahí, saltamos a la melódica P.E.S.A.N. en una seguidilla de sorpresas apabullantes; un tema cargado de sonidos acústicos que rozan el sinfonismo logrando momentos extáticos. Pero después de la calma, vuelve la tormenta. Y qué tormenta, porque en poco más de 12 minutos, Verso Kartini - door duisternis tot licht! Desarrolla una serie de complejas secuencias que se pasean con increíble libertad por la más variada cantidad de géneros alternativos que ustedes, amigos y amigas, puedan imaginar, manteniendo la tensión entre una andanada de solos de flauta, un sólido trabajo en batería y las notables voces de Caloh y Nonni, invocando en no pocas ocasiones, lo más granado del progresivo clásico de los 70 y hasta el neoprogresivo.

El viaje continúa con Music 4.5 Players, una rareza que mezcla lo más sórdido del avant garde y el chamber rock en una pieza que eriza los pelos y que abre paso al magnum opus del disco, la deslumbrante Anne, en la que todos los elementos mencionados confluyen en una magnífica composición de casi 20 minutos de duración en los que pareciera que ningún estilo alternativo fue dejado de lado. Sin dudas, en mi panteón personal de las mejores veinte tracks que he escuchado en los últimos diez años.

Esta rareza exquisita de álbum termina con melódica, pero a la vez experimental Misfortune Lunatic, otra pieza de alucinante calidad que cierra un disco contundente y, lo advierto, no para primerizos. Es necesario tener la mente bien abierta para recibir esta increíble experiencia musical arriesgada, surreal y hasta blasfema, pero una vez que se embarquen en el viaje, créanme, lo van a disfrutar. Para muestra,  un botón

Que lo disfruten…

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