Los discos que no te atreves a escuchar: Pollen – Pollen (1976)

Para quienes aún no han tenido la suerte de disfrutar del proressive quebeçois, he aquí uno de sus productos más refinados y únicos para deleitar los oídos.
Imagen de Iván Ávila
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27 de Noviembre, 2011 01:11
Pollen – Pollen (1976)

Existe un subgénero enmarcado en la tendencia del rock progresivo no muchas veces mencionado y no reconocido por todos/as los fans de la música alternativa (¿o debieramos decir alterativa a estas alturas de la vida?). Se trata de prog quebeçois. Me imagino que la traducción está demás, aunque sí debemos acotar que se trata de una bien enumerada cantidad de bandas del grueso medio de los 70, en donde destacaban letras en francés, un particular sentido sinfónico y un sonido cargado de influencias sobre todo europeas, en especial provenientes de Francia, razón por la cual nos encontramos con algunos experimentos que poseen el particular sello sinfónico provenientes del país galo (tan lírico, flotante y a la vez oscuro), pero siempre en búsqueda de un sabor particular, en donde es imposible no nombrar las notables atmósferas nostálgicas de Harmonium, el sonido contundente de Maneige, la versatilidad estilística de Sloche, el sinfonismo cabalgante de Octobre y la iluminada propuesta de Et Cetera, sin dejar de lado otros nombres que deben tener en su discografía, niños y niñas, como The BoxSolsticeL’Orient D’ONebu Pangée y el sonido más reciente de Hune, entre muchos otros.

Sin embargo, existe una de esas fascinantes bandas “de-un-solo-disco” que encantan desde las primeras armonías. Se trata de Pollen, un proyecto surgido del talento de Jacques Tom Rivest por allá en 1975, que se materializó con una única placa editada un año después. Y qué disco, señoras y señores, una pieza en donde el buen fanático del rock sinfónico encontrará momentos de éxtasis total, embarcado en un paseo por lo más delicado, potente, lírico, barroco y clásico del sinfonismo de los 70.

No es un disco difícil de digerir. En él, encontramos algunos temas que bien podrían servir para adentrar a cualquier(a) neófito(a) en el mundo progresivo, aunque eso no quiere decir que cada tema carezca de complejidad. Muy por el contrario, barrocas secciones armónicas se entremezclan con tal ductilidad que el producto final parece ser un todo tan volátil como abrasador, comenzando por Vieux Corps de Vie D’Ange, una pieza magnífica de poco más de siete minutos en donde Rivest y compañía navegan por diversos espirales sinfónicos hasta desembocar en un gran final cargado de emotividad, antes de despertar los sentidos nuevamente con la dulce y clásica introducción, casi folk, de L’Etoile, una flotante pieza liderada por guitarra acústica que promediado sus primeros minutos, se convierte en una propuesta cabalgante , con ciertos toques gaélicos medievales antes de llevarnos a otra sección final plena de sonidos que se suman en un gran vuelo antes del inicio de la pieza más calma del álbum, una hermosa balada con toques folk llamada L’Indien que más conviene escucharla a la luz de las velas, para disfrutar del característico sonido franco-canadiense de este tipo de piezas en donde destaca una hermosa sección de sintetizador que pone los pelos de punta.

La segunda parte del disco, comienza con la ágil y progresiva Tout L’Temps, que ora vez nos regala contundentes secciones de teclado que lideran una pieza que parece sencilla, pero que está llena de delicados retruécanos. En seguida aparece la que hasta hoy, es mi favorita del disco, la oscura y potente Vivre la Mort. Sus primeros minutos, son para alucinar con lo mejor del progresivo francófono de los 70, mientras que después múltiples secciones se van sumando para regalarnos un tema que a pesar de su corta duración, posee todas las características del buen sonido sinfónico de la época.

El disco finaliza con otra pieza de colección, al minisuite La Femme Ailée, un track memorable que otra vez, mezcla el folk, lo medieval, lo barroco y lo progresivo en complejas secciones que, por momentos, están llenas de sonido y en otros, se tornan flotantes y atmosféricas, con un final progresivo clásico, lleno de ritmos cabalgantes y armonías explosivas.

En fin, estamos en presencia de un álbum que al menos, en el género progresivo, merece toda nuestra atención, dado que se levanta no sólo como una de las piezas fundamentales del prog quebeçois sino que también un ejemplo notable de inspiración, correctísima performance y dedicada composición, lo que nos deja de regalo a nuestros oídos, un producto singular e invaluable.

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Imagen de Monica Campos A

Me lo haré CHUPETE! gracias.

Me lo haré CHUPETE! gracias. ;)

 

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