El Cobre: en la conciencia colectiva histórica chilena y su decadencia

La producción mundial de cobre durante el 2011 alcanzó un total de 16,10 millones de toneladas métricas de cobre fino. Chile, aporta con más de un tercio de ese total, un poco más de 5,5 millones. Codelco participa con apenas el 27%.

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22 de Marzo, 2012 07:03
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Uno de los primeros registros formales de producción de cobre en Chile, data de  1810, año de la Primera Junta Nacional de Gobierno. En ese entonces, Chile producía 19.000 toneladas de cobre fino al año. A lo largo del siglo la cifra fue creciendo hasta convertir al país en el primer productor y exportador mundial de Cu. La mayor producción chilena de ese siglo se registró en 1876, con 52.308 Ton/anuales. Sin embargo, a finales del siglo XIX, comenzó un período de decadencia, debido a la falta de tecnología para tratar minerales de baja ley. De hecho en 1897, Chile  producía a penas  21.000 toneladas. Esta cifra representa –ahora-, tan sólo un 0,00381% de la producción actual (2011).

Durante las primeras décadas del siglo XX, grandes grupos mineros -ya dotados de mayor tecnología- y apoyados por la evolución acelerada de la revolución industrial en Europa, permitieron la recuperación de cobre en yacimientos de baja concentración de Cu.

A comienzos de siglo, ocurre el declive de otra materia prima nacional por excelencia como lo fue el salitre. En el mismo periodo Chile comenzó a remontar su participación en el mercado mundial del cobre con la producción de las minas El Teniente y Chuquicamata. Aunque el repunte en las exportaciones de cobre fue inmediata, el Estado chileno recibió pocos beneficios de la gran minería del metal rojo, bajo la excusa de que las mineras foráneas debían recuperar primero, la inversión realizada.

Debido a lo indicado y del aprendizaje del pueblo chileno, con la experiencia del salitre, muchos patriotas, políticos y dirigentes sindicales, tales como; Elías Laferte, Salvador Ocampo, Luís Emilio Recabarren, Radomiro Tomic, entre otros, presionaron para que en 1941, se introdujera un nuevo impuesto al cobre, generando un aumento de la tributación en un 14% y luego a un 30% en 1942. En años posteriores esta participación aumentaría hasta un máximo de 41,5% en 1952. El cobre-hasta ese entonces-, nunca llegó a aportar al Estado más del 50% de los tributos totales, como lo hizo en reiterados años el salitre.

Pero la conciencia colectiva chilena fue más allá y el 8 de mayo de 1951, Chile firma el Convenio de Washington, que le permitió incrementar su participación en las utilidades de la producción de este metal.  Radomiro Tomic, en 1952 elabora la Ley 10.255 que reemplazó el Convenio de Washington, la cual  propiciaba la fundición y refinación de todo el cobre a ser exportado desde Chile, mediante la creación de gravámenes escalonados. Tomic también creó el proyecto de ley para crear la primera Corporación del Cobre, protección para los trabajadores del rubro, además de, constituir una Comisión Especial del Cobre dentro de los partidos de gobierno.

Luego en 1966 el Congreso Nacional de Chile impuso la creación de Sociedades Mineras Mixtas con las empresas extranjeras, periodo llamado "La Chilenización del Cobre". Situación que ponía al Estado de Chile como dueño del  51% de la propiedad de los yacimientos.

Radomiro Tomic señalaba: “El cobre representa en el porvenir la más clara y mayor oportunidad que Chile tiene de transformar revolucionariamente su economía, por la disponibilidad de grandes sumas adicionales de moneda extranjera que podríamos utilizar para desarrollar nuestro proceso industrial y multiplicar nuestra producción alimenticia”.

También dijo que “el cobre es la riqueza fundamental que tiene Chile para liberarse de la dependencia exterior y disponer de recursos financieros propios, de inmensa magnitud. El cobre nos permitirá acelerar nuestro desarrollo económico y social, ya que sería intolerable cualquier propósito de financiar dicho desarrollo reduciendo el difícil nivel de vida de las clases asalariadas”.

En esa época, la participación de la sociedad chilena en temas sociales, culturales y políticas era muy elevada y frases de aceptación transversal, como “El cobre, viga maestra de la economía chilena” y “El cobre, el sueldo de chile” comenzaban a consensuarse y fortalecerse en la mentalidad de los chilenos.  Este proceso culminó en julio de 1971, bajo el mandato de Salvador Allende, cuando el Congreso aprobó por unanimidad la nacionalización de toda la Gran Minería del Cobre.

Chile entonces, alcanzaba su segunda independencia nacional y su anhelada libertad política y se convertiría no sólo en dueño del cobre, sino también, de otros metales preciosos a partir de la fundición del concentrado de cobre, tales como; la plata, oro, níquel, molibdeno, hierro y azufre. Esta última, es la materia prima para producción de ácido sulfúrico.

A partir del Golpe Militar del 11 de septiembre de 1973, la sociedad chilena, comienza a sufrir un cambio cultural y social,  de largos 17 años de historia, en donde comienzan obligadamente a desaparecer paulatinamente todo rasgo de identidad, pertenencia, arraigo y por sobre todo de participación ciudadana en temas socio-políticos, a los cuales, el ciudadano chileno estaba acostumbrado por décadas.  Durante todo ese periodo, Chile fue mudo testigo de una ´alienación política’ sin precedentes.

En la constitución de 1980 se refuerza la idea de exclusión  o enajenación política de los chilenos a través del sistema binominal, la cual –hasta ahora-, garantiza la representación de una minoría que se asegura los privilegios del cargo político a ocupar.  A esto se suma el Tribunal Constitucional que ha asumido que su misión es “hacer prevalecer su voluntad por sobre la del órgano controlado. En otras palabras, el Tribunal Constitucional sustituye la voluntad de los parlamentarios o la del Presidente de la República”. Un buen ejemplo de ello, fue la apelación realizada por Andrés Allamand y otros políticos ante este organismo, frente a la ley de subcontratación, concluyendo esta última, en una ley casi in-fiscalizable e impracticable.

Hoy la producción mundial de cobre durante el 2011 alcanzó un total de 16,10 millones de toneladas métricas de cobre fino. Chile, aporta con más de un tercio de ese total, es decir, un poco más de 5,5 millones de toneladas de cobre fino anuales, de los cuales Chile participa directamente a través de CODELCO con apenas el 27% de todas las exportaciones hechas a través de puertos chilenos y, con el agravante que lo hace mayoritariamente a través de la exportación de concentrados de cobre, fundamentalmente se trata de mineras de capitales extranjeros que prefieren vender el Cu en concentrados que llevan en su mezcla los metales ya señalados y otros minerales como el azufre, sin declararlos, por ende, NO pagan impuestos por su exportación y posterior comercialización.

Pero Chile y los chilenos, forzosamente se acostumbraron a ver toda esta desventajosa situación de manera superficial, cosa que a los gobiernos de la Concertación también les acomodó, sumando otros 20 años de mandato fácil y con una ciudadanía cada vez menos interesada. Esta apatía en la política de gran parte de los chilenos, ha permitido la enajenación de nuestras riquezas naturales, cobre, litio entre otras, a vista y pasividad de esta ciudadanía, que lamentablemente ya no cree en su valiosa participación.

Ese desinterés y pérdida de conciencia por la importancia que tienen estos minerales para Chile y los futuros chilenos, retorna a este país, en época de conquista y saqueo.

Pedro Marín mansilla

Ex Presidente de la Federación Minera de Chile

Director FMC

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