Carta de un Pobre al Estado de Chile

Soy un pobre más. De esos que importan para las puras elecciones, de esos a que los beneficios no le llegan porque pudo surgir un poquito más que el resto, pero que no deja de ser pobre. De esos que siempre hablan en la tele, pero de los que al final nadie se preocupa.

Imagen de Diego Vrsalovic
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03 de Julio, 2012 10:07

Al Estado de Chile:

Soy un chileno más que pescó su lápiz de pasta y una hoja de un cuaderno viejo, y se puso a escribir. En realidad no debería estar despierto tan tarde, pero no he podido dormir bien estos días. Tengo como una pena aquí adentro y no sabía a quién contársela. Podía escribirle al Presidente pero, ¡de a dónde me va a pescar! ¿Al Alcalde? ¡No, ese ni se aparece! A lo mejor escribo de aburrido porque quién va a querer pescar una carta de un pobre patipela’o que no le ha ganado a nadie en la vida, de un simple trabajador…

Soy un pobre más. De esos que importan para las puras elecciones, de esos a que los beneficios no le llegan porque pudo surgir un poquito más que el resto, pero que no deja de ser pobre. De esos que siempre hablan en la tele, pero de los que al final nadie se preocupa. Estudié en un liceo fiscal y no terminé el cuarto medio. Bueno, en realidad lo vine a hacer después, con los años, ya casado con la vieja y con los niños crecidos. Me costó harto, pero fue lindo poder llenar ese vacío que tenía. No ve que uno trabaja y deja de lado los cuadernos porque la necesidad es más grande.

Nací en una población al otro lado de la ciudad. Mi mamá pituteaba en hartas partes y hacía costuras. Mi viejo era carpintero. Se querían harto, se les notaba de repente cuando se tomaban las manos y se reían. Aunque el viejo de repente era malo, sobre todo cuando se tomaba sus buenos copetes con los compadres. Mi vieja nos escondía en la pieza para que no viéramos. Yo era chico y me acuerdo bien: una vez le estaba levantando la mano a mi mamá y me puse en medio. Era un mocoso yo, tendría unos ocho años. Pescó el cinturón y me dio harto rato, como enojado.

Pero, a pesar de todo, el viejo era bueno conmigo. Todos los días apartaba unas monedas y me dejaba comprar una bebida. Mi mamá me ayudaba con las tareas en las tardes, me acuerdo también. Más de grande le ayudaba al viejo en el trabajo. Y me quedó gustando la plata: al final, dejé de estudiar y me puse a trabajar. Le ponía el hombro todos los días.Después, conocí a la vieja y me enamoré. Salíamos al cine, la llevaba a pasear a la plaza y le compraba un algodón al carrito que se ganaba. Y bueno, haciendo maldades quedó embarazada. Ya después no pude volver al colegio y seguí trabajando. Nos casamos y tuvimos nuestros críos. No teníamos grandes cosas pero éramos bien felices.

No puedo dejar de reconocer que me pegaba mis descuadradas también. Un par de veces me entretuve con una chiquilla por ahí y llegaba bien tarde. Un día me dije que no podía seguir en esas. Ahí, me acuerdo, cambié para mejor. No tomé más, me acuerdo, y ahí empecé a agarrarle el peso a los estudios. El profe me dio un contacto de pega y ahí empecé a surgir. Tanto fue que mi hijo mayor es el primero de su familia en entrar a la universidad. ¡Qué orgullo más grande, si ahora es todo un hombre! Ahí lo veo a mi pobre cabro, hasta las tantas de la mañana está despierto. Pero bueno, así es la vida del estudiante.

A veces miro la casa, miro a la vieja y a los hijos y me da un poco de pena porque no les puedo dar un mejor pasar. Porque todos los días a veces los hijos se mueren de hambre porque no hay para darles para que se compren buena comida o no les puedo comprar una buena pieza de ropa. Me da rabia porque todos los días salgo súper temprano a trabajar y vuelvo súper tarde en la noche y siento que no gano nada. Es cierto, ahora podemos tener cable y un computador con internet, que sacamos a crédito con harto esfuerzo con la vieja. Pero bueno, siempre ha sido así y parece que las cosas no fueran a cambiar nunca.

Es bien tarde ahora y debería estar durmiendo pero no puedo desde hace días. Las deudas me tienen acogotado porque se me va a vencer la tarjeta y no tengo cómo pagar la cuota. El agua parece que la van a cortar y el refrigerador está cada vez más pelado. Ya le pedí prestado a mi cuñado y a la vecina de enfrente y faltan como tres días para el pago. He andado idiota por lo mismo y no he querido decir nada porque no quiero traer más problemas.

Igual me da rabia porque aparte de que no hay ni una chaucha la casa se está goteando otra vez. La casa quedó así desde el terremoto, y porque se demoraron harto en venir a arreglar. Junté pesito por pesito, me dejé de comprar cosas por poner la plata en la libreta de ahorro. ¡Y, para qué, si nos dejaron aquí en la cresta de la loma y la casa era de mal material! La micro más cercana pasa como a tres cuadras y hasta las ocho nomás porque después asaltan. ¡Y los Carabineros pasan muy a la vez! Yo no sé, pero después como de quince años viviendo aquí siento que se rieron de mí en la cara, porque no sirvió de nada ahorrar tanto.

La Municipalidad ni se preocupa del barrio. Puso unos juegos la otra vez pero después no se aparecieron más. Mi mamá está súper enferma y cuando me levanté de madrugada a hacer la fila para el consultorio justo no quedaban números porque el doctor no atendía. Y del bono ese que prometieron ahora recibo por un hijo nomás, porque el otro tiene más de 18 años, ¡Como si no el no comiera también, si vive conmigo! ¡Aparte, las 26 lucas que le dan no le alcanzan ni para diez días!

Bueno, si escribo esta carta es porque conversando con el hijo, me dijo que le escribiera una carta al Estado, porque las cosas siempre han sido así y culpa nuestra no es: es de los que se llenan los bolsillos con plata y se acuerdan de nosotros para las puras elecciones nomás. Por eso me dio por escribir: porque me cansé de que las cosas sigan igual. Yo no puedo salir a protestar como los estudiantes y menos salir a quemar hasta las palomas de la plaza como los encapuchados. Pero sí sé que las cosas están mal y que no pueden seguir así.

Por eso le pido a todas esas personas que son parte del Estado, a los políticos, a los Senadores y a los Diputados que no les cuesta nada subirse el sueldo pero que son súper amarretes cuando se trata de subir el mínimo a doscientas, al Gobierno, a la Municipalidad, que haga algo porque esto ya no da para más. De una vez por todas póngase en mis zapatos y ayúdenos que para eso están: para hacer las cosas bien.

¿Se imaginen viviendo con el sueldo de este patipela’o? Bueno, si no pueden, entonces hágan algo bien de una vez por todas y pónganse las pilas por trabajar bien aunque sea una vez.

El pobre.

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