Opinión: El cambio climático y el rol de los países desarrollados

Al analizar los contenidos y las propuestas que surgieron de la Cumbre, se podría decir que fue un simple saludo a la bandera, una raya en el agua. Las indicaciones que surgieron de la cumbre no tuvieron carácter obligatorio, menos vinculante.

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04 de Octubre, 2014 11:10
FOTO: Jacinta lluch Valero

En los últimos años el rol de los países desarrollados ante el cambio climático ha dejado mucho que desear por decir a lo menos. Poco y nada se ha avanzado desde la creación del tratado de Kioto hace ya largos 23 años para disminuir la emisiones de CO2; acuerdo que fue suscrito por 183 gobiernos, al entenderse que si no se tomaban providencias por el futuro ya en ese entonces, el planeta estaría en un serio entre dicho, peligrando la vida humana. Tratado que se hiciera vigente solo en el año 2005.

En la última cumbre mundial del cambio climático organizado por Naciones Unidas en la ciudad de New York el mes de septiembre recién pasado, quedo de manifiesto lo arriba mencionado y como era de esperarse las grandes movilizaciones del mundo ciudadano no se hicieron esperar y fue asustadoramente grato, revitalizador e impresionante, constatar que desde el mundo ciudadano se tiene conciencia sobre el cambio climático, demostrado por las más de 300 mil personas que salieron a las calles de la gran manzana a hacer pública la gran desconformidad que existe al día de hoy, de como se han estado haciendo las cosas y como los intereses económicos de los países desarrollados, han venido imponiendo en forma soterrada pero muy certera en total detrimento de los países llamados subdesarrollados llamados hoy emergentes, un dejo muy contrario al ambientalismo que dicen defender por salvar el planeta.

Al analizar los contenidos y las propuestas que surgieron de la Cumbre, se podría decir que fue un simple saludo a la bandera, una raya en el agua. Las indicaciones que surgieron de la cumbre no tuvieron carácter obligatorio, menos vinculante, hablándose de aportes voluntarios, decepcionando la actitud timorata sin conciencia social, con una total falta de convicción ante la redundancia del problema, que no es un tema que podamos esconder, por organizaciones, gobiernos y empresarios, que se supone tienen todas las cartas sobre la mesa, entendiendo los verdaderos alcances de lo que significa el cambio climático para la raza humana y todos los porque de la situación y la destrucción de la calidad de vida de millones y de las muchas vidas que se perderán en el proceso de no revertirse la situación.

El neoliberalismo del mundo occidental desarrollado, ha manipulado el desarrollo de los países subdesarrollados del cual Chile es parte aunque muchos digan lo contrario, explotando sin sustentabilidad alguna por medio de las transnacionales nuestros recursos naturales, con un anti-ambientalismo tan radical y falto de toda proyección sustentable, dejándonos sin capacidad alguna de poder contrarrestar la intervención.

Por increíble que pueda parecer si pensamos bien y los supuestos de las ventajas comparativas, los países que hoy están en mejores condiciones ante el cambio climático, que con los años han logrado un desarrollo sustentable, son precisamente aquellos que no tienen recursos naturales extraíbles, libres de las grandes transnacionales de los países desarrollados, se vieron en la obligación de desarrollar una industria propia y el conocimiento necesario para darles valor agregado. Dejándonos una tremenda reflexión, “poseer recursos naturales extraíbles en la actualidad, más que una dicha y una oportunidad, es una desdicha ante la intervención al cual son sometidos los países subdesarrollados”.

Más de la mitad de la electricidad que utiliza el planeta, se sustenta con matrices a carbón y petróleo; solo un tercio utiliza usa gas natural; las Energías Renovables no Contaminantes (ERNC) representan solo el 10 % del consumo mundial. Índices asustadores si los comparamos con los de hace 30 años a tras, cuando ya se preveía la realidad actual y constatamos que hemos avanzado tan poco. Las transnacionales con su poder económico se han transformado en un verdadero poder factico en los países subdesarrollados, incluso de mayor relevancia que el mismo Estado, llegándose incluso a la aberración de entender como algo natural por parte de los gobiernos, que las transnacionales se hagan socias de las mismas comunidades como parte del negocio, a pesar de la destrucción de la intervención, en lo que se denomina pagar por destruir.

La ciencia nos ha demostrado que el crecimiento permanente de los países desarrollados no es factible bajo ningún supuesto y mientras antes lo enfrenten mejor para todos; la idea es en si mismo irracional y poco lógica, al entenderse que los recursos naturales y su explotación son finitos. Los intereses económicos omiten esta decidora realidad y sus desastrosas consecuencias para el desarrollo sustentable de los países subdesarrollados y las consecuencias que significa la sobre explotación, para la sustentabilidad del planeta como un todo.

El agotamiento del petróleo, la falta de tierras para el cultivo por las inundaciones provocadas por el cambio climático, la disminución de los recursos marinos por su uso irresponsable por parte de los industriales, la escasez de agua dulce, la explotación irracional de los recursos naturales, la escasez de metales raros que son de gran utilidad para el desarrollo de nuevas tecnologías; sumados al cambio climático, el crecimiento desmedido de la población de los países desarrollados y la debilidad del sistema financiero mundial por los malos manejos ambientales, agravan la realidad en la que estamos inmersos y a decir verdad no se ve una solución real del problema, porque simplemente no enfrentamos el problema como debería ser.

Los conservacionistas proponen disminuir el consumo en todo sentido, cambiando el formato del desarrollo neo-liberal, que la salud del planeta esta antes que la justicia social, calificando el dogma del crecimiento permanente como algo perverso y sub-realista ante el “ad infinitud” del sobre desarrollo que hoy nos amenaza desde los países desarrollados, ante la irremediable pobreza que eso trae a los países emergentes, ante la crisis existencial de los países ricos, al tener que mantener el crecimiento permanente.

Economistas ambientalistas contradicen totalmente el valor del crecimiento a cualquier costo, que separan la relación del aumento del PIB de la extracción de los recursos naturales. La separación no es posible de obviar, porque tiene una relación directa con el PIB. Si crece el PIB, indudablemente crea mayores emisiones de gases de efecto invernadero, en los países que sustentan su formato en el extractivismo (uso irracional de los recursos naturales).

Los políticos y empresarios siempre se han coludido para manipular la información científica para su propio beneficio. En Chile tenemos ejemplos que advierten la problemática, ya que muchos de los grandes problemas sociales que nos aquejan de sobre manera en la actualidad, se deben precisamente al uso malicioso de la información científica, justificando el robo del agua en el norte para el uso minero; la expropiación de grandes extensiones de territorio a las comunidades indígenas en el centro sur, para beneficio de las transnacionales de la industria forestal; la posible intervención de los ríos en los territorios australes de Aysén para generar electricidad destruyendo todo; recientemente la aprobación de la intervención de la cadena de glaciares de la Región Metropolitana y la negación por parte del gobierno actual de defenderlos, por medio de una ley de la república que proteja los glaciares y los Campos de Hielo Patagónico.

No hay duda que estamos viviendo una época de gran relevancia, con decisiones fundamentales que marcaran un antes y un después para los países y para el planeta. Ante esta realidad debemos ser conscientes, sin escondernos en el día a día de las metas cortas y que la próxima generación resuelva el problema, porque en ese entonces ya no estaremos. Debemos tener la capacidad de proyectar el desarrollo y las  decisiones que ello con lleva, con la altura de mira que corresponde y con la responsabilidad que necesitamos.

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