Pandemia, capitalismo y teletrabajo: Una oportunidad para las PyMEs

Pandemia, capitalismo y teletrabajo: Una oportunidad para las PyMEs

24 Junio 2020

Parece ser que la mano invisible del modelo económico no siempre funciona, y que la costumbre tiene una fuerza arrolladora.

Felipe Gordillo >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Invitado

Desde pequeños nos enseñaron que en el modelo económico imperante se maximizan las utilidades y que la propia dinámica de los intercambios fuerza a las empresas a adoptar las medidas que garanticen la mayor eficiencia y eficacia en su búsqueda de una mayor rentabilidad; es más, nos dijeron que, si no lo hacían así, arriesgaban su propia viabilidad por la competencia. Lo anterior se conjuga con que quien no se adapta a los cambios difícilmente mantendrá su aptitud para sobrevivir en un ambiente hostil. Esto no es nada nuevo, pero lo estamos viviendo de una forma novedosa por los efectos de la pandemia del COVID19, y uno de los principales cambios al que nos hemos visto enfrentamos es el teletrabajo.

Hoy no hablaré de las múltiples dificultades técnicas, logísticas y productivas del teletrabajo, sino de cómo su adopción, nos ha llevado a advertir dos de los rasgos de la naturaleza humana: la costumbre y la resistencia al cambio. Rasgos que, de ser aplacados, pueden dar paso al repunte de las PYMEs tras la pandemia.

Les plantearé un caso real y extrapolable, pero en ningún caso mayoritario. Un profesional nortino cuyo trabajo se realiza usualmente detrás de una pantalla o en la implementación de un determinado proyecto o proceso en función de los cambiantes datos que reportan los distintos equipos industriales.

Hoy ese trabajador tras la adopción de una nueva cuarentena y las tardías medidas internas de su empleador se encuentra trabajando remotamente, con múltiples dificultades, pero operando y compartiendo más tiempo con su familia gracias a que ya no necesita trasladarse a su oficina. También puede estar cuestionándose los costos que asume su empleador que van más allá de los equipos informáticos. Así, por ejemplo, se cuestiona cuánto se gasta en el arriendo de su oficina, en combustible y el desgaste del vehículo, en estacionamientos, etc. Finalmente se cuestiona los riesgos personales que él ha asumido por –ir– a su trabajo y las implicancias ambientales que podrían evitarse.

Luego se cuestiona los costos que tendría, para su empleador, implementar las medidas necesarias para un teletrabajo eficiente, y descubre que no son tan altos cómo aquellos que siempre se pagaron sin cuestionamiento o reflexión alguna.

En este ejemplo, imaginario y limitado, invito a plantearse la reorganización del modelo de trabajo en su globalidad, partiendo por lo que hoy es evidente: no siempre es necesario -ir- al trabajo; quizás hay formas más eficientes de producir, quizás hay formas que nos ahorrarán vidas y riesgos por traslados y de salud para quienes trabajan en turnos rotativos (ej. 4x4, 7x7, etc.) perdiéndose  cumpleaños, navidades, y múltiples hitos familiares sólo para sentarse tras un escritorio en una minera.

LA MANO INVISIBLE

Parece ser que la mano invisible del modelo económico no siempre funciona, y que la costumbre tiene una fuerza arrolladora. Claro, no es trasladable a todos los puestos, cargos o labores, pero si estas formas de trabajo remoto le ahorran horas de traslados a un/a oficinista en el gran Santiago, a nosotros, los nortinos nos puede ahorrar días o semanas alejados de nuestras familias. Por lo que deberemos ser los primeros en cuestionarnos. Esta exhortación nos obliga a abandonar la comodidad que supone la costumbre, nos llama a flexibilizar nuestras posiciones y quebrar los esquemas tradicionales, a superar la mirada cortoplacista que se centra en las dificultades que enfrentamos a un teletrabajo planteado entre gallos y medianoche sin recursos, capacitación o reflexión suficiente. Tenemos que hacerlo, tenemos que adaptarnos, porque no sólo tiene relevancia para los trabajadores y sus familias, sino que abre una puerta a la búsqueda de mayor eficiencia, de disminución de costos productivos, la que será esencial para las empresas en un escenario de inminente crisis económica.

PYMES

Es en ese escenario en el que las PYMEs corren con una ventaja por su propio tamaño. Que las vuelve más ágiles y flexibles que un monstruo corporativo, y si son hábiles podrán arbitrar las medidas más rápidamente que los competidores de mayor tamaño, mejorando su acceso al mercado y liderando el empleo nacional, para lo que requerirán no sólo mediar las decisiones necesarias de parte del empleador, sino un verdadero compromiso de sus trabajadores, algunos de los que ya comienzan acostumbrarse al trabajo remoto y han adoptado diversas estrategias para maximizar su comodidad a expensas de la productividad.

Finalmente, resulta evidente que no se trata de un problema con respuesta binaria, quizás el resultado del cuestionamiento nos aleje de lo que hoy entendemos como teletrabajo, o nos abra las puertas a modelos en los que se combinen las modalidades presenciales y remotas. Incluso, podría plantearse que incluso ni no obtenemos una respuesta diferente, el propio cuestionamiento abrirá las puertas al fortalecimiento de los equipos de trabajo.