Editorial Mi Voz: ¿Quién tiene que ceder en Chile?

26 Marzo 2021
¿A quién hay que pedirle que se ponga a disposición para el diálogo?, ¿a quién debemos interpelar y decirle, por favor, siéntese y dialogue?
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Editorial Mi Voz: ¿Quién tiene que ceder en Chile?

Según el diccionario, ceder es: Dejar o dar voluntariamente a otro el disfrute de una cosa, acción o derecho. ¿Se puede salir de nuestras crisis sin ceder? 

Pronto se definirán cuestiones sustantivas para al menos los próximos cuarenta años en Chile, y si no llegamos a nuevos pactos en que distintas instancias de la sociedad y la política dialoguen y generen equilibrios, vamos a seguir en crisis.

Pero, ¿a quién hay que pedirle que se ponga a disposición para el diálogo?, ¿a quién debemos interpelar y decirle, por favor, siéntese y dialogue? 

Una derecha que sospecha y desconfía de lo colectivo 

La derecha en Chile, en un muy amplio sentido, desde liberales hasta conservadores, tiene una cojera de origen y es que no demuestran ningún apego a lo colectivo, a lo comunitario, a lo público (en términos de intereses y bienes), ni a lo social. Solo parecen acercarse en formas que pueden leerse como populismo, en supuesta representación del pueblo. 

La derecha parece carecer de una ética en torno a lo colectivo. Más allá de las frases de buena crianza y slogans electorales, nuestra derecha demuestra desconexión, con poca vocación de entender y empatizar. Apelando a los principios de la Revolución Francesa, diríamos que la derecha en Chile tiene mucho de libertad (rayando el individualismo), algo de igualdad y bien poco de fraternidad, pensándola como lo comunitario. 

O se enamoran de “la dimensión de lo común y colectivo” o no tienen alternativa de ser un gobierno ad hoc del ciclo que se viene. ¡Es posible un liberalismo más igualitario! Por supuesto que somos individuos, que necesitamos ser libres y tener la posibilidad de emprender y crear riqueza, pero también requerimos de lo colectivo y un sentido de pertenecer a una comunidad que aprecie y cuide lo común como un gran valor. 

Una izquierda que quiere repartir torta, pero no sabe cómo se hace la torta 

Hay sectores que insisten en construir murallas y decir “con ellas y ellos no”, cuando esto no puede ser en contra de nadie, es un proceso con todas y con todos. Al respecto se ve a la izquierda haciendo muy poca autocrítica de las divisiones que sostiene y por qué las sostiene. Vemos, a lo menos, dos bloques que es difícil que conversen. Y es difícil porque se dividen en torno a ciertas trincheras ideológicas que producen que algunos sectores extremos aun simpaticen con los sistemas de Venezuela y Coreano del Norte, vacilando en sus convicciones democráticas. 

La lucha de clases como manera de interpretar la evolución histórica, el no al lucro legítimo o el Estado todopoderoso, no pueden ser principio y fin de un argumento en rigidez, pues no todo fenómeno social, cultural o político cabe en alguna de esas matrices estáticas. 

La izquierda chilena abunda en planteamientos emancipatorios y de cómo repartir mejor la torta, sin embargo, generalmente evade la conversación de cómo se hace la torta, haciendo de sus ideas algo muy seductor para la población, pero de alto riesgo si no aborda una agenda económica seria, por cierto con prosperidad común. Entonces ¿vamos a ver nacer una izquierda acorde a los actuales y complejos desafíos, con vocación de gobierno progresista? ¿Una izquierda qué a la par de sus relatos de emancipación y equidad, ofrezca a Chile una propuesta de generación de valor y desarrollo? 

Alguien, o más bien todas y todos, tenemos que ceder 

Una búsqueda de equilibrio es considerar tan importantes los derechos como las libertades, en un dialogo para que seamos una mejor sociedad todos los días, con un buen balance entre el Estado y el mercado, la orden y la libertad de expresión, lo público y lo privado, lo individual y lo comunitario, la izquierda y la derecha, con todos sus matices.

¿Nos sentamos a dialogar, entonces?

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