Colombianos fallecidos en Antofagasta: el drama de morir a 4487 km de casa

Colombianos fallecidos en Antofagasta: el drama de morir a 4487 km de casa

15 Julio 2020

Luchas sin sentido por el control de un espacio de terrenos en toma, pero que son propiedad del Estado chileno, habrían cobraron la vida de este pensionado de la Policía Nacional de Colombia, quien llegó con una maleta llena de ilusiones a Antofagasta hace 5 años.

Benjamín Cruz >
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Por Benjamín Cruz. Periodista, gestor cultural y dirigente social.

Todo migrante, emprendedor por esencia, busca nuevos aires en territorios desconocidos y alejados de todo lo que representa su identidad, con la esperanza de cumplir sueños y alcanzar las metas que, por diferentes circunstancias, en su propio terruño no se concretaron.

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Pero lamentablemente, en ocasiones la vida nos dicta algo diferente. Ese es el caso de Javier Moreno Mendoza de 55 años y oriundo de Cali, Valle del Cauca, Colombia, quien fue asesinado el pasado domingo 12 de julio. El homicidio ocurrió en El Ranchito, sector Los Arenales de Antofagasta, lugar donde el pasado 30 de marzo se mudó junto a su pareja Katherine Romero Rojas, con quien vivió cerca de 10 años.

Luchas sin sentido por el control de un espacio de terrenos en toma, pero que son propiedad del Estado chileno, habrían cobraron la vida de este pensionado de la Policía Nacional de Colombia, quien llegó con una maleta llena de ilusiones a Antofagasta hace 5 años.

Moreno, al arribar a la ciudad, trabajó en la popular tienda antofagastina Eduss, y posteriormente desempeñó labores en un reconocido hotel de Antofagasta, lugar donde fue empleado hasta marzo pasado, convirtiéndose en una víctima más de la cesantía producto de la crisis social y económica que se arrastra desde octubre del 2019 y que se intensificó con la pandemia por Covid-19.

Javier, quien disfrutaba de la salsa y los clásicos de la música colombiana, soñaba con regresar a Colombia el próximo año junto a su compañera Katherine. Con algunos ahorros, quería lograr el anhelo de la casa propia y quizás un auto para ponerse a trabajar de Uber.

Angustiado por la crisis y con el finiquito de su último trabajo en el bolsillo, decidió armar una casa en uno de los 58 campamentos de la comuna. Lo que no sabía es que otras personas, ya asentadas en el lugar, no estarían contentas de compartir con él este territorio, el que se habían apropiado y del que se sentían amos y señores.

Así acabó la vida de este migrante afrodescendiente que hoy deja a tres hijas y su pareja, quienes buscan repatriar el cuerpo a su tierra natal para darle cristiana sepultura.

DRAMA

Cali debería ser el destino final de Javier, ciudad ubicada a 4487 kilómetros de Antofagasta., Para su familia el drama no radica en la falta de recursos para los gastos fúnebres y de repatriación, como en la mayoría de otros casos de colombianos fallecidos en la ciudad, sino que en el cierre de fronteras y el protocolo sanitario que impide el traslado del cuerpo.

Al anterior obstáculo que no permite dar sosiego al corazón de familiares en luto, se suma un aspecto que viene afectando a cientos de connacionales que se han sido tocados por situaciones similares, o aquellas relacionadas a las consecuencias de la crisis mundial: la falta de voluntad política y social de la autoridad consular de turno.

Sabemos que todo en la vida, con buena disposición y diligencia se puede lograr, es lo que hoy espera esta familia cuyos integrantes solo buscan pasar unidos y en su hogar, este capítulo lúgubre de sus vidas. Anhelan la asignación de un cupo para Katherine en el próximo vuelo humanitario que saldrá desde Antofagasta el 21 de julio, donde pueda regresar con los restos de su pareja. No hay vuelos comerciales, no hay otra opción para que el cuerpo de Javier pueda descansar en su tierra natal. Una realidad que depende exclusivamente de la voluntad política de ambos gobiernos.